viernes, 1 de junio de 2007
caer al vacio
Al mirar el reloj nuevamente, se da cuenta que solo pasaron diez impensables minutos. Mira hacia el ventanal para encontrarse con que el dia soleado desaparecio siendo sustituido por una fria pero inquietante noche. De esas noches que pareciera que el afuera se congelo y esta a punto de atravesar las aberturas para congelarnos enteros. Mira una vez más el reloj. Son las siete y cinco pasadas. El segundero corre por una hilera de números que ya son irreconocibles. Apaga el cigarrillo casi entero en el cenicero y se pone de pie tan bruscamente que casi cae con todo su peso al suelo. Todo lo que puede escuchar es el monotono ruido del reloj y un silbido proveniente del tubo del telefono descolgado sobre la mesa. La vista se le nubla de a poco y su mente, por primera vez en su vida, queda completamente en blanco. Luego de unos supuestos segundos nota como los dedos de su mano empiezan a temblar. Casi inconcientemente intenta frenarlos, pero es en vano. En ese momento es cuando camina lentamente hacia el ventanal, abre una de las puertas, y se deja caer al vacio.
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